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EL CONEJO AGRICULTOR
Categoría: Tío Conejo y otros animales.
Fecha: martes 01 de enero del 1963
Autor: AGUSTÍN JARAMILLO LONDOÑO
Fuente: Cuentos del tío conejo - Folclor[7]
Supo el Conejo que sus enemigos grandes si habían puesto di acuerdo pa’acabar con él. Y se dijo: ¿Sí? ¡Aguárdesen y verán!

Y ai mismo l’hizo frente al peligro. Se fue a buscar al pior de todos, al Tigre, y le dijo:
–Tío Tigre: vengo a traele una noticia.
–Hable.
–Vea, tío Tigre: según mi averigüé por ai (porque usté sabe que yo también tengo mis amigos), va a venir un hambre algo muy aterradora. Va’ber una falta di alimento nunca vista. Verdá es que si usté me quiere comer ya, yo soy un bocao pa usté. Pero, di ai, ¿qué hace?
–Bien dice, tío Conejo. Y usté... ¿qué cree que debemos hacer?
–Si quiere trabajamos juntos hasta salir de la boyada: ¿por qué, tío Tigre, nu echamos una rocita en compañía?
–Es ya, tío Conejo. ¡Bien pueda arranque!
–Bueno. Entonces, vea: yo ya tengo arrendada toda aquella cordillera, de puro monte. Vamos a trabajar así pa tumbala: yo voy a trabajar hoy, mañana va usté; al otro día voy yo, y al siguiente usté. Y así... hasta que acabemos.
–A mí me parece muy bien, tío Conejo. Convenido.
El Conejo se despidió del Tigre y salió pa onde el León, a echale el mismo cuento. Y al León también le dentró.
–Entonces, tío León, quedamos en que usté va a tumbar monte hoy, y mañana voy yo. Y, así, hasta qui acabemos...
–Convenido, tío Conejo.
Y así fue, que se pusieron a trabajar. Cuando iba el tigre y veía todo lo que había hecho el León, decía:
–¡Ve este Conejo! ¡Cómo le rindió el trabajo! Yo no me puedo quedar atrás porque da pena.
Y se agarraba a tumbar. Llegaba el León y veía el trabajo hecho por el Tigre y decía lo mismo:
–Ve este diablo de Conejo, ¡cómo le rinde!
Los enemigos grandes del Conejo eran tres: El Tigre, el León y el Oso. Ya tenía al Tigre y al León trabajando pa él. Faltaba el Oso. Entonces se fue pa onde el Oso y le dijo todo lo de la carestía que se venía y le alvirtió qu’el ya estaba echando su buena roza...
–Si quiere la seguimos en compañía, tío el Oso...
–¿Sí? ¿Me lleva en parte?
–Claro. Y pa que nos rinda más el trabajo yo trabajo de día y usté le tranca de noche.
–¡Ah!, bueno, tío Conejo. Yo sí... ¡Muchas gracias!
Y así, el Conejo consiguió tumbar el monte en dos patadas.
Y lo mismo fue pa echar la calle en redondo, pa metete candela y pa dale contrafuego. Eso era qui ardía toda esa cordillera, allá... Y también la siembra fue la misma cosa.
El Conejo no si asomaba por allá sino a dar vueltecitas y a dirigir a ratos. Acosaba y cariaba a los compañeros cuando no trabajaban duro.
Cuando ya hubo chocolito, la cosa sí cambió: el Conejo iba todos los días a dase gusto. Comía hasta más no poder y llevaba pa la casa.
A lo último, ya era cuestión d’esperar a qu’el maíz estuviera de coger. Cada uno de los animales iba a dar vuelta por aparte. Pero... una tarde, dio la casualidá de que s’encontraron el Tigre y el León. Y dice el León:
–Ole, tío Tigre! ¿Qué vientos lo traen por aquí?
–Pues, no; tío León. Yo que pasaba por aquí a dale vueltecita a esta roza qu’es mía.
–¿Suya? ¡Más harto! No mi haga reír...
–Verdá.
–¿Sí? ¡Ja, ja! Si yo mismo la sembré.
–¡Oiga a éste! ¡Yo fui el que la sembré!
Y empezaron a discutir. En esas llegó el Oso y si asombró al velos tan acaloraos.
–¿Por qué discuten? –preguntó.
–¡Por esta roza, qu’el Tigre dice qu’es d’el y yo digo qu’es mía!
Abre el Oso tamañas pepas di ojos:
–Esta roza nu es suya, tío León –grita–. ¡Ni tampoco es suya, tio Tigre! ¡Esta roza es mía!
Entonces la cosa se puso pior que pior. Los tres si agarraron a discutir y, claro, como son tan bruscos, acabaron peliando. ¡Qué garrotera más horrible! ¡Qué matazón! ¡Avemaría!
El Conejo, qu’estaba escondido viéndolos matase, apenas se carcajiaba y decía:
–Aprendan, vagamundos. ¡Así es que se trabaja!

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EL CONEJO, LA ZORRA Y EL AGUACEROTE || Indice || EL REY DE LOS ANIMALES
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