Categoría: Educación
Fecha: Domingo 07 de Abril de 2019
Los primeros recursos son para, por lo menos, comenzar clases. Comunidad dice que aporta mano de obra y voluntad. Un vistazo a la educación rural desde los Acuerdos de paz y el Plan de Desarrollo.
Fotografía 1: escuela actual
Les presento a Norberto García, nacido en la vereda Villeta, municipio de Samaná en el oriente de Caldas. De allí salió, hace 10 años, despavorido con su esposa, Doracelly Ramírez, y sus dos bebés. Huían de la guerra. Norberto vive hoy en San Rafael, donde campesinos reconstruyen sus vidas. Él y otras personas nos ayudarán a calcular cuánto vale revivir una escuela, considerada como crucial para quienes vuelven del éxodo. La advertencia: No son necesarios miles de millones de pesos, pero sí “toneladas de voluntad”, como dice Doracelly, la esposa de Norberto. En Caldas no hay un programa específico para recuperar escuelas abandonadas por la guerra. Los recursos van destinados, por ejemplo, en su mayoría a los 21 colegios nuevos o reconstruidos por cerca de $90 mil millones o los de invierno por $6 mil millones. Los desplazados se han animado a regresar luego de que con la retirada de los paramilitares y de los guerrilleros en la década pasada, es decir por lo menos ocho antes de la firma de los Acuerdos de paz de La Habana, empezaron a respirar de nuevo tranquilidad. "Cuando el grupo de desminado del Ejército declaró, el año pasado, zona libre de minas a San Rafael, decidimos presentar el proyecto de reapertura", recuerda Roberto Arturo Bedoya, rector del colegio La Palma, al cual está adscrita la escuelita de la vereda San Rafael. Dada la fuerza del retorno, San Rafael, a la que volvieron Norberto y su esposa, así como otras cinco familias, hoy necesita un lugar para que sus hijos se eduquen, mientras ellos trabajan con café, caña y ganado. La plata para adecuar el centro educativo está lista, pero no es suficiente. “La Gobernación de Caldas nos dio $20 millones, requeriremos por lo menos otros $20 millones para dejarla casi lista”, dice el directivo Bedoya, pues también son necesarios por lo menos siete millones más para dotación, sin contar electrificación externa y otros. El año pasado la Secretaría de Educación departamental reabrió seis planteles en Samaná, que con sus comunidades estuvieron bajo fuego, sobre todo entre 1993 y el 2008, cuando el frente 47 de las Farc y las Autodefensas del Magdalena Medio se disputaron a muerte el territorio. Foto | Cortesía para LA PATRIA Los niños de San Rafael reciben, por ahora, clases en el corredor, uno de los pocos sitios del centro educativo que sobrevivió al abandono durante el posconflicto. Caldas, como el resto del Eje Cafetero, se quedó sin recursos del posconflicto, a pesar de que tiene registradas cerca de 100 mil víctimas, entre ellas 7 mil 205 niños. En Samaná son 21 mil víctimas. "No hay programas para reconstruir escuelas de la guerra, toca hacer esfuerzos con recursos propios para repararlas", dice Fabio Arias, quien hasta octubre del 2018 fue secretario de Educación departamental. Justo el año pasado la Administración Departamental, según Arias, destinó $105 millones para acondicionar estos establecimientos con el propósito de, por lo menos, reiniciar clases. A San Rafael le tocan $20 millones; los mismos que a la de El Congal. De a $15 millones son para las de San Agustín, El Quindío, El Rosario y San Luis, de acuerdo con la proyección que hizo el exsecretario de Educación. Además de $5 millones para la de El Cedral, que está en proceso. Esfuerzo local La Alcaldía de Samaná también hace sus aportes. Marlon Arias, secretario de Educación municipal, comenta que en el 2016 invirtieron $17 millones para ocupar la escuela de El Congal. Que el año pasado fueron $3 millones para la placa donde se construyó un aula móvil. En la de El Quindío adecuaron con $2 millones salón, cocina, baños, pintura y mano de obra calificada. En el Rosario fue un millón para techo, pintura, baños, tuberías. Un millón 500 mil valieron materiales de construcción, pintura, tablero, tanque de agua y reconstrucción de baños con el fin de reabrir la de San Luis. Los habitantes en San Agustín solicitaron $2 millones para mejoramiento de baterías sanitarias. Las comunidades y algunas juntas de acción comunal, además de mano obra no calificada, colaboran con implementos de cocina, tablero, pintura. Con las uñas Norberto cumple varias funciones en el caserío. Luego de su desplazamiento empezó a liderar proyectos para él y sus vecinos. Ahora es el presidente de la Junta de Acción Comunal. Y también es el maestro de obra de la escuela. Él hace cuentas: “Los 20 millones que nos dieron son para material y mano de obra”. Por su labor cobra $250 mil semanal, es decir un millón al mes. “Creo que los trabajos quedarán listos en dos meses”. Eso significa que por la mano de obra, según él, ganará $2 millones. Su ayudante es Jorge Hernán Hincapié, un vecino de Norberto, quien cobra por día $35 mil. En dos meses habrá trabajado 44 días, es decir, recibirá un millón 540 mil pesos. Valor estimado de la mano de obra: $3 millones 540 mil. En medio de las clases se inician las obras de infraestructura para recuperar la escuela de San Rafael. Otra labor clave en este proceso tiene que ver con el transporte de materiales. “No es lo mismo en la ciudad, donde todo está casi a la mano, que en el campo”, comenta el rector. Explica que en mula la llevada de carga puede tardar dos y hasta tres horas, como en el caso de San Rafael. Un arriero en la zona, según Norberto y el rector, pide hasta $20 mil por este servicio. Norberto detalla: “Hemos traído 90 cargas de arena, 30 de ladrillo y 30 de cemento, en total 150”. Lo que suma $3 millones. Las tejas de zinc, el hierro, los perfiles, entre otros, son llevados a mano por los habitantes de la vereda. “Las bestias (animales usados para cargar los materiales) solo llevan bultos, lo otro toca que los carguemos nosotros”, añade Norberto. Para el rector los $20 millones son suficientes para el material y la mano de obra, pero realmente los costos se duplican. Las personas, con su propio esfuerzo, hacen otros aportes, además de transportar materiales como tejas de eternit, perfiles y hierro, cortan el pasto, asean y remueven escombros en corredores, salones y lo que quedó de la escuela.
Fotografía 2: inversión
Fuente: La Patria. [2333]
Autor: Óscar Veiman Mejía
Cantidad de Impresiones: 371
Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
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